fbpx

Q’Hubo News

Connecting you

El principio del fin del kirchnerismo

El kirchnerismo llegó a la puerta del cementerio en las urnas pero, todavía, no está muerto. Otro modo de decirlo, el cristinismo está moribundo pero, como el pescaílla en los buenos tiempos de Lola Flores, todavía mueve la cola. Las elecciones de medio término en Argentina, donde se renovaba la mitad del Congreso y un tercio del Senado, fueron un fracaso para el Gobierno de Alberto y Cristina Fernández. La corriente peronista, que surgió en mayo del 2003, perdió por más de ocho puntos en el recuento general, se despidió del control de la Cámara Alta, que preside la vicepresidente, aguantó con dificultad en diputados aunque perdió el quorum y sufrió derrotas en trece provincias. Entre estas, Buenos Aires, la más importante (del tamaño de Italia), Córdoba y Santa Fe. Traducido a efectos de gestión política, significa que quedan dos años de Gobierno agónico de los Fernández y otro tanto -o más- de padecimientos judiciales para la mujer que más poder concentró en la historia de Argentina y que, en su línea, evitó arrimarse al escenario la noche electoral (dijo que por sugerencia médica) para quedar retratada junto a su delfín y jefe del Estado, como la madre del dragón de la derrota (se identifica con khaleessi de Juego de Tronos). Dicho esto, el presidente hizo algo insólito, su reacción inmediata al escrutinio, fue pronunciar un discurso grabado en la Casa Rosada con anuncios económicos donde daba por seguro un acuerdo con el FMI.

En trece de los 24 distritos electorales, finalmente, la coalición opositora de Juntos por el Cambio se impuso. Los números finales para el Congreso, arrojaron para el Gobierno, que conserva la primera minoría, 118 escaños (dos menos de los que tenía) y 116 para la oposición. En el Senado, el oficialismo pasó de 41 a 35 bancas, algó sin oprecedente para el peronismo en 38 años de democracia. El cómputo en la provincia de Buenos Aires anunció que Juntos se impuso, con Diego Santilli, con cerca del 40 por ciento de los votos mientras la ultra K, Victoria Tolosa Paz (Frente de Todos) se quedó con algo más del 38,50. Avanza Libertad, del economista y ex candidato presidencial, José Luis Espert, obtuvo el 7,50 por ciento. En otro territorio emblemático, la capital de Argentina, la ex gobernadora María Eugenia Vidal (Juntos) logró el 47 por ciento de los votos y le sacó más de 23 puntos de ventaja a Daniel Santoro (Frente de Todos). La novedad fue que Javier Milei (Avanza Liberta) se estrenó con el 17 por ciento.

A la vista de este escenario no hay error al afirmar que ‘Cristina’, en términos políticos (y en los otros) ya no es ‘Cristina’ y ‘Alberto’, sigue siendo el mismo desastre para administrar un país. La primera no logró remontar airosa el fracaso de las primarias de septiembre (aunque pudo ser mucho peor) y su ordeno y mando en la Cámara Alta llegó a su fin. El apellido del que huía en vida de Néstor Kirchner y que recuperó en la última etapa la viuda del expresidente, ahora sí, parece que empieza a formar parte del pasado. Su hijo Máximo, si el destino no cambia, no logrará erigirse como candidato presidencial en el 2023, su cuñada Alicia, gobernadora del feudo patagónico de Santa Cruz, donde la dinastía gobernó más de 30 años, se hundió en las urnas con todo el peso de una historia de abusos de poder y enriquecimiento impúdico.

El nuevo paisaje legislativo argentino abre una puerta, que ya estaba entornada, a la oposición para recuperar la Presidencia dentro de dos años. Juntos por el Cambio, la coalición de Mauricio Macri, presente en el búnker electoral pero en silencio pese a la victoria, se frota las manos con el sueño de un revival en la Casa Rosada. El problema es que aún no está claro quién será su candidato y los pulsos entre los aspirantes (con Macri expectante, de momento) podrían emular un choque de trenes como el del PP en Madrid. Patricia Bullrich (presidenta del Propuesta Republicana, el PRO de Macri) sería, salvando las distancias y el espacio, la aspirante a Isabel Díaz Ayuso y Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires (entre alcalde y gobernador) el Almeida porteño pero, para competir por el triunfo mayor como Pablo Casado. «Sepan que no están solos, tenemos mucho por lo qué soñar», ánimo Rodríguez Larreta.

Los parecidos razonables con España no se terminan aquí. En estas elecciones legislativas irrumpió una tercera fuerza que ya empieza a martillar el avispero de la política. Más cerca de Podemos en las formas (términos y expresiones de mal gusto idénticas), su afinidad de fondo y verdadera es con Vox. Se trata de Avanza Libertad, el equipo de libertarios que los economistas Javier Milei y José Luis Espert han llevado al Congreso con cinco diputados. El primero sedujo a miles de jóvenes descontentos, a los que el hartazgo les tiene con los bolsillos vacíos y la inflación por las nubes y a ese sector de la sociedad que reclama, sin ocultamientos, orden y defiende el liberalismos sin medias tintas.

El tablero legislativo que se construirá a partir del 10 de diciembre, fecha de la toma de posesión de los nuevos cargos, lo interpretó Alberto Fernández como una victoria. Insólita su declaración, como toda su gestión, hasta conmino a los suyos (en realidad los de ella, Cristina Fernández) a manifestarse. «Llenemos la Plaza de Mayo y celebremos el triunfo como corresponde», dijo después del mensaje grabado y con más resultados oficiales en la palestra del búnker de Chacarita, barrio célebre por su cementerio. El motivo de su, entre comillas, alegría fue que, respecto a las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) de septiembre del Frente de Todos había recuperado algo más de 3 puntos.

La K, en Argentina, dejó la madrugada del domingo de ser lo que era. Aún así, como peronistas de raza, los Kirchner darán la batalla para reescribir nuevos capítulos de una serie que, difícilmente, tendrá otras entregas de éxito.

%d bloggers like this: