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Espen Andersen Bråthen, de obrero de la construcción danés a islamista radical y arquero asesino en Noruega

«Era como si hubiésemos entrado sin enterarnos en una serie de televisión, había un tío cazando gente en medio de la calle», describe Arnold, un joven de 24 años que se cuenta entre los supervivientes del ataque. Apenas podía creer que en las calles de Kongsberg, una pequeña ciudad de montaña en la que nunca pasa nada, se estuviesen produciendo escenas de ‘caza humana’. Un hombre, armado con arco y flechas, se llevó por delante la vida de cinco personas y dejó un reguero de heridos en su siniestro recorrido. La Policía sabía de él, tenía indicios de que se había vuelto un islamista radical peligroso, pero legalmente no pudo actuar hasta que ya era demasiado tarde.

Se trata de Espen Andersen Bråthen, un danés de 37 años que llegó a esta esa ciudad, de unos 25.000 habitantes, para trabajar en la construcción. Los inviernos son largos en el norte de Europa y la de Kongsberg es una sociedad cerrada, en la que no resulta especialmente fácil integrarse. Sus vecinos comentaban este jueves que algún tiempo se le vio con una chica con la que de vez en cuando entraba y salía de casa, pero que después no volvieron a verla.

Espen se relacionaba con algunos compañeros de la obra musulmanes con los que pisó por primera vez una mezquita y el resto del proceso de radicalización
lo vivió en su habitación, a solas, a través de internet. Fue cambiando de trabajo, pero su círculo social siguió reducido a aquel primero del que recibió acogida. Hasta que salió a la calle con un arco que había comprado en una tienda de material deportivo, un producto que se adquiere sin licencia ni identificación, y comenzó a matar. La Policía danesa insiste en que el móvil del crimen sigue sin estar claro, aunque los servicios de inteligencia, que no dan explicaciones sobre cómo llegan a esta conclusión, sí están seguros de que se trató de un «acto terrorista».

Según los hallazgos preliminares de la investigación, el atacante tiene antecedentes terroristas que no han sido especificados. «En esta etapa de la investigación, el ataque tiene la apariencia de un acto de terrorismo», reconoció el servicio de inteligencia del PST. El portavoz policial Ole Bredrup Saeverud también admitió que había temores de radicalización antes de los hechos. Estos temores han sido objeto de seguimiento durante el último año y posiblemente antes. Pero durante el último año, no hubo más indicios de anomalías y la vigilancia fue abandonada.

Un grupo de personas rinde tributo a las víctimas en la ciudad noruega de Kongsberg

Reuters
Thomas Nilsen estaba en su casa cuando oyó gritos. Se asomó por la ventana y quedó atónito ante las «imágenes bélicas». «Los gritos salían del supermercado y tardé unos segundos en ver salir al hombre, con el arco en la mano. Todavía no había podido reaccionar cuando vi que sacaba una flecha de la bolsa que llevaba a la espalda. Tensó el arco y disparó contra una mujer que gritaba», relata lo sucedido momentos antes de llamar a la Policía.

Las víctimas son cuatro mujeres y un hombre, de entre 50 y 70 años, a los que la Policía todavía no ha identificado públicamente. Sí ha informado de que una de las víctimas era un agente que estaba en día de permiso, comprando en el supermercado. No hay información todavía sobre si el asesino y al menos alguna de las víctimas tuvieron alguna relación anterior, pero lo sucedido la tarde del miércoles desde las 18.15 horas apunta a que eligió aleatoriamente a sus objetivos.

Treinta y siete minutos de terror
El horror duró 37 minutos. La Policía arrestó al atacante a las 18.47 horas y en el primer interrogatorio policial confesó el acto sangriento, pasando después a disposición judicial en la prisión de la ciudad de Drammen. El jefe de Policía, Ole Bredrup Sæverud, garantizó en la conferencia de prensa en Tønsberg que «estamos seguros de que el perpetrador ha actuado en solitario» y entonó el mea culpa al admitir que «tenemos que aprender de lo sucedido para poder evitar tales cosas en el futuro».

La reconstrucción de los hechos permite suponer que su objetivo era matar al mayor número posible de personas. «Estamos seguros de que mató a más víctimas después del primer contacto con la Policía. Probablemente la mayoría murieron después del primer intento de arresto, durante la huida», lamentó.

También disparó sus flechas contra las ventanas de un edificio de oficinas en el que los empleados seguían trabajando. Oyeron un estallido cuando la primera flecha se clavó en la pared. Posteriormente, el atacante irrumpió en un supermercado de la cadena Coop-Extra y disparó a los clientes. Se activó la alarma del supermercado y salió huyendo mientras los heridos buscaban ayuda por su cuenta. «Entonces vimos a un hombre salir del supermercado. Tenía una flecha clavada en la espalda y decía que se iba a urgencias en lugar de esperar a que llegase la ambulancia», relató un testigo al periódico ‘Dagbladet’.

Frente a la iglesia local, hay velas y ramos de flores. Este viernes tendrá lugar un servicio ecuménico por las víctimas y sus familiares. «Creo que no nos dan suficientes explicaciones», decía Kristiansen, que acudió a depositar unos crisantemos, «si la Policía sabía de él, si ya sospechaban que podía ser peligroso, ¿por qué no hicieron nada?».

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