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‘Jujuy desoído’, la serie que da voz a las víctimas argentinas de Milagro Sala

El cineasta Pablo Racioppi ha puesto la cámara donde la justicia debió poner mucho antes la lupa. Racioppi fue a la provincia de Jujuy, al norte de Argentina, en busca de la verdad de Milagro Sala. Dicho de otro modo, en busca de las víctimas de ‘la flaca’ o ‘la mami’, como se conocía a la indígena, que salió de los bajos fondos, para convertirse en jefa de la Tupac Amaru, una organización criminal -y constructora de viviendas del Estado- que se hizo dueña de todo el territorio, a costa de la explotación de los pobres.

El resultado de ese viaje, al infierno de los miserables, es una serie de cuatro capítulos donde se recorre un camino de corrupción, torturas, muerte, robo, violaciones, abusos de menores y estafas públicas y a privados. En ese marco, el poder de turno que ejerció durante más de una década el kirchnerismo (2003-2015), intentó crear un mito, modelo Evita indígena, donde sólo había crimen. Sin la complicidad del Gobierno que hizo del latrocinio una forma de entender la vida y la política, el ascenso de Milagro Sala no hubiera sido posible, como recoge el docudrama. Tampoco, si el Poder Judicial y el Legislativo, hubieran cumplido con su deber, aunque siempre hay excepciones.

Ver ‘Jujuy desoído. Las víctimas de Milagro Sala’ es revivir la muerte a golpes de Luca Arias y recordar el correo de millones entre la Casa Rosada y ‘la mamita’ (así la llamaba algún Ministro). Darle al botón de ‘play’ significa volver a mirar esas casitas descuadradas que repartía la flaca como si fuera la evita indígena del siglo XXI. Recurrir a los subtítulos, cuando el que habla se atraganta de dolor, es ganar terreno a la verdad ocultada o tergirversada por ideologías falsas.

La verdad sobre lo que hizo, Milagro Sala y la Tupac, como se conoce, sin más, a aquella red mafiosa tejida en las entrañas de la pobreza, empezó a conocerse a partir del 2015, cuando la decadencia del Kirchnerismo se traduce en derrota en las urnas y el radical y actual gobernador, Gerardo Morales, gana las elecciones en Jujuy. Es, entonces, cuando se comienza a escribir, con esfuerzo, sudor, lágrimas y sangre, el gran desfalco al Estado y a los pobres.

Pablo Racioppi, director de otros documentales como ‘El Olimpo vacío’ (2013) y ‘El Diáologo’ (2014), consigue testimonios que parecían imposibles por el miedo, latente todavía. El terror a que ‘la flaca’ salga y vuelva a las andadas no se ha disipado. Sólo una persona habla con el rostro en la sombra. Los que conocemos Jujuy y Argentina sabemos que hay que ser muy valiente para ofrecer tu voz o poner la cara, en un documental histórico. Entre otras razones, porque la historia no ha terminado.

Lo que la cámara de Racioppi atrapa es, en definitiva, la renuncia del Estado a existir y su cesión a una mafiosa (de origen muy triste pero cruel y sanguinaria) convertida de facto en la gran ministra de Obras Públicas de Jujuy. El documental reconstruye ese espejo deformado donde una mujer pobre explota y sacrifica a los pobres en compañía del apellido Kirchner y en ausencia de la justicia.

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