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Los comunistas checos no estarán en el nuevo Parlamento de Praga

El primer ministro checo, el multimillonario populista Andrej Babis, se impuso en las legislativas de su país este sábado pero sin obtener mayoría, por lo que la formación de un nuevo gobierno podría llevar semanas o meses de negociaciones. Tras el recuento del 80% de los votos, el partido de centro y populista ANO de Babis consigue 28 de votos, que equivale a 75 de los 200 escaños del Parlamento, a pesar de sus litigios con la Unión Europea y de estar presuntamente involucrado en los papeles de Pandora.

Por su lado, la alianza Juntos, formada por los Cívicos Demócratas (derecha), TOP09 (centroderecha) y los cristianodemócratas (centroderecha) obtuvo 26% de los votos.

Una alianza antisistema, la del Partido Pirata y el movimiento Alcaldes e Independientes (STAN), logró el 15%.

Estas dos alianzas podrían formar gobierno si se unen, ya que tienen juntas más del 50% de los escaños del Parlamento (103 de 200), según la televisión checa.

Por su parte, el Partido Comunista checo tuvo su peor resultado con apenas 3,81% y, por primera vez desde la llegada de la democracia no tendrá representación parlamentaria, al no superar el 5% necesario.

Andrej Babis, empresario en los sectores agroalimentario, químico y mediático de 67 años, está acusado de presunto fraude en las subvenciones procedentes de la Unión Europea, que le reprocha su conflicto de intereses como empresario y político.

Entre el resto de partidos que competían en las elecciones destacó el movimiento de extrema derecha antimusulmán Libertad y Democracia Directa (SPD), dirigido por el empresario nacido en Tokio Tomio Okamura, que obtuvo 10% y podría apoyar a Babis.

Babis, quinta fortuna checa según Forbes, está al frente de un gobierno minoritario con los socialdemócratas, respaldado tácitamente por el Partido Comunista que dirigió la antigua Checoslovaquia entre 1948 y 1989 y del que el primer ministro formó parte.

Los resultados, que apuntan claramente a una posible alianza conservadora en la república checa, refuerzan el bloque del llamado Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), especialmente activo ahora dentro de la Unión Europea por su política de resistencia al modo en que ejercen sus competencias de las instituciones comunitarias. Los cuatro países de Europa central, los últimos en ingresar en la UE, son especialmente celosos en su defensa de su idiosincrasia, sus valores morales y su legislación, y consideran que Bruselas –tanto la Comisión como el Parlamento Europeo– se extralimitan en sus decisiones, especialmente en los ámbitos de la educación y la política migratoria.

Pero la gran novedad de estas elecciones legislativas checas ha sido la expulsión del Parlamento –por las urnas– del partido comunista, que seguía activo en el Parlamento checo desde la caída de la dictadura tutelada por la Unión Soviética.

En cierto modo, los comicios legislativos desarrollados entre el viernes y el sábado constituyen el colofón de la llamada Revolución del Terciopelo, iniciada a finales de los años 80 por los liberales que encabezó el escritor Vaclav Havel.

La economía de República Checa, de 10,7 millones de habitantes, se está recuperando tras la pandemia. Pero el incremento reciente de las pensiones y los salarios de la administración han disparado el déficit público.

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