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Apoyo masivo de los delegados socialistas a la coalición de Scholz, que el miércoles sustituirá a Merkel

El ambiente prenavideño y de satisfacción por la formación de gobierno que flotaba ayer en la Casa Willy Brandt de Berlín fue alterado por un discurso rudo del próximo canciller alemán, con el que pidió el voto para el acuerdo de formación de gobierno al que ha llegado con verdes y liberales. Olaf Scholz comenzó elevándose a sí mismo a la calidad de los grandes cancilleres socialdemócratas de la historia de la República Federal Alemana, al describir junto a la gran estatua de Brandt que «estamos ahora ante una salida como la de 1969», cuando el SPD «nombró canciller por primera vez». O «como 1998», cuando Gerhard Schröder asumió el gobierno. «Fueron momentos muy especiales para mí, sentí esa fiebre de saber que por fin podríamos cambiar las cosas», dijo, «y especialmente pienso en los jóvenes; ya pasó una vez que muchos habían crecido pensando que no había otro canciller que el conservador Helmut Kohl hasta que llegamos nosotros y ahora volvemos a tener la oportunidad de mostrar a una generación lo que podemos hacer». «Deberíamos tener éxito en volver a empezar así», instó Scholz a los delegados, a los que pidió «no caer en el fatalismo» y trató de convencer de que «el nuevo gobierno no se basa en renuncias, sino en progreso técnico».

Pidió paciencia con los objetivos de partido y se revolvió incluso contra los críticos que no respetan esa secuencia (Brandt, Schmidt, Schröder, Scholz) y protestan por haber entregado el Ministerio de Finanzas al liberal Christian Lindner, porque consideran que un «ministro de Finanzas alemán económicamente liberal» representa una «amenaza sistemática a la idea europea y la reconstrucción verde de Europa». También hubo protestas por no haber incluido en el texto del acuerdo un impuesto sobre el patrimonio o la abolición de los seguros médicos privados. El exjefe de las Juventudes Socialdemócratas y próximo secretario general del partido, Kevin Kühnert, había calentado los ánimos. Pero aunque cosechó aplausos y deja anotada su posición más a la izquierda, finalmente no logró imponer ninguna de sus enmiendas y el acuerdo fue votado por el 98.8% de los delegados (598 votaron a favor, siete en contra y tres se abstuvieron), con lo que el SPD se convierte en el primero de los tres partidos de la «coalición semáforo» en ratificar el pacto.

Le seguirá hoy domingo el voto del congreso del Partido Liberal (FDP), también en formato de congreso semivirtual, mientras que mañana (lunes) se conocerá el resultado de la consulta entre los 125.000 militantes de los Verdes. Según los planes de la coalición, el acuerdo se firmará el martes y el miércoles Olaf Scholz será elegido canciller en el Bundestag.

Se espera también para principios de la próxima semana la lista completa de los nuevos ministros, un asunto que está causando ya serios dolores de cabeza al futuro canciller. Sigue vacante el Ministerio de Sanidad, que Scholz ofreció a sus socios pero que nadie quiso, por lo que se queda en el tejado socialdemócrata. Si el autoproclamado feminista Scholz cumple su palabra y «al menos la mitad del gabinete está ocupado por mujeres», solo puede nombrar a otro hombre ministro además del futuro ministro de Cancillería Wolfgang Schmidt. Las asociaciones regionales del Este demandan que sea Carsten Schneider, que ambiciona el Ministerio de Defensa y cuenta con el apoyo de Manuela Schwesig. Rolf Mützenich, apoyado desde la izquierda por Matthias Miersch, también se ve a sí mismo como ministro, dado que no se le ha permitido convertirse en presidente del Bundestag. Hubertus Heil seguirá como ministro de Trabajo, pero ayer quedó bastante claro que el hasta ahora portavoz del SPD en materia sanitaria, Larl Lauterbach, no será el ministro de Sanidad. En circulación están Christine Lambrecht como posible ministra de Interior, que después de cuatro años bajo la dirección del socialcristiano bávaro Horst Seehofer (CSU) necesita una severa reforma a ojos de los socialdemócratas.

Y mientras Scholz termina de poner orden en sus filas, desde la conservadora CDU surgen las primeras llamadas de atención sobre la reelección del socialdemócrata Frank-Walter Steinmier como presidente federal. El presidente regional de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, rechaza esa reelección y ayer recordó que corresponde a los conservodores hacer una propuesta. «La CDU tiene el mayor número de mujeres en la Asamblea Federal, ha nombrado la primera canciller federal, la primera ministra de Defensa y la primera presidenta de la Comisión Europea, de manera que sería lógico que también propusiera a la primera presidenta federal«, dijo. «En mi opinión, ha llegado el momento para una mujer en el Palacio de Bellevue», animó, «que encarne la Alemania moderna y sea capaz de integrarla por encima de las líneas partidistas».

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